Fuente: Semanario Universidad
Escrito por Eduardo Fernández M. (estudiante de planificación económica y social, UNA)
¿Cada vez que vemos una fruta nos preguntamos de dónde proviene? Al tener una piña en frente lo que vemos es su color, saboreamos su dulzura, cuidamos que no nos espine con su corona y la cortamos como si fuera un animal salvaje. Pero me atrevería a decir que muy pocas personas se preguntaran: ¿si es de Costa Rica o de otro país, si hay explotación laboral en su producción, cuántos migrantes trabajaron por ese postre de piña o por ese batido con leche condensada. O peor aún, cuántas fincas de campesinos fueron literalmente invadidas por las transnacionales para expandir su cultivo, cuántas fuentes de agua en Siquirres, Buenos Aires y Pital fueron contaminadas por los agroquímicos, cuántas hectáreas de árboles fueron taladas para sembrar y cuánta persecución laboral y sindical viven las y los trabajadores piñeros hoy?